#CadaKanjiUnaHistoria

魚雷

gyorai

Sustantivo

1. Torpedo

= 魚 (pez)
+ 雷 (relámpago, trueno, enojo)

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Evita en Japón

Japón me persigue, pero el latinoamericanismo mucho más. En Japón hay imágenes del Che desperdigadas por algunos bares, citas de Hugo Mujica en los diarios no oficialistas y (tampoco puede faltar) la presencia de Evita en el teatro. Durante todos los días de julio los tokienses pueden disfrutar del musical de la épica dirigente de Los Toldos. Con subtítulos, claro está. Como todo lo que la globalización se encarga de traducir a través de mecanismos inesperados y desesperanzadores. ¿Qué va a quedar de esos deseos revolucionarios, de esa izquieda nacida en los cincuentas y despedazada a lo largo de las últimas décadas? Que hoy sea un ícono del Broadway nipón quizás sea un guiño de su futuro.

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#CadaKanjiUnaHistoria

口火を切る

kuchibi wo kiru

Expresión, verbo godan

1. empezar un debate, dar inicio a una conversación, encender la charla

= 口 (boca, puerta, abertura)
+ 火 (fuego, flamas, llamas) (口火 = causa detonante)
+ 切る (cortar, completar, encender)

Me resultó interesante que en japonés se usara la metáfora del fuego para referirse al inicio de una conversación, mientras que en español usamos la frase “romper el hielo”. Claro que para el sentido de “encender la charla” tenemos una versión más potente, por lo menos en español rioplatense: “echar nafta al fuego”. Por otro lado, me topé con esta frase en un libro del sociólogo Munesuke Mita, en donde hace referencia a la subcultura juvenil nacida en la posguerra y conocida durante los 60s y 70s como taiyozoku (太陽族). El modo incendiario y pirómano en que éstos se reconocían a sí mismo me hizo recordar a esta canción de la década siguiente, que habla precisamente de los años que le habían tocado vivir a esa juventud.

Les dejo más palabras en japonés que me hicieron flashear acá.

 

Terrorismo New Age

Ejecutaron hoy al líder y a seis seguidores de la secta Aum Shinrikyō, cuyos miembros coordinaron el 20 de marzo de 1995 un ataque con gas sarín en varias estaciones del subte de Tokio. El atentado se cobró la vida de trece personas, dejó a decenas de heridos y a miles de otros con secuelas físicas. El líder Chizuo Matsumoto (que usaba entonces el nombre de Shoko Asahara) había sido condenado el 27 de febrero de 2004, pero tras las sucesivas apelaciones, recién en el día de hoy se ejecutó su condena. Había fundado la secta en 1984, alcanzando diez años después los 10 mil seguidores en Japón y 50 mil en el extranjero. Conocida actualmente como “Aleph”, la secta Aum Shinrikyō mezcla cristinaismo, budismo, hinduísmo, yoga, profecías de Nostradamus, teorías de Nikola Tesla y mitología de la saga Fundación de Isaac Asimov, entre un sinfín de otras cosas. Su nombre deriva de la sílaba sánscrita Om (ॐ, también transcrita como Aum) y en japonés significa: “Aum, la fe de la verdad suprema”. El líder instaba a sus seguidores a prepararse para el fin del mundo, que llegaría en la forma de una guerra nuclear con Occidente. Algunos especialistas afirman que su condena lo convertirá en una suerte de mártir que impulsará aún más a los sectarios. Agrego una conexión literaria. Haruki Murakami, que cuando sucedió el atentado vivía en Estados Unidos desde hacía una década, se sintió convocado por el hecho y escribió Underground アンダーグラウンド (1998), un libro de entrevistas a las víctimas en cuyo prólogo explica la potencia profética de la literatura, usando como ejemplo su propia novela, El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (1985). Todo tan new age.


BONUS TRACK
Capaz les interese también mi entrada sobre “La viuda negra de Japón”, ejecutada en noviembre de 2017, en donde explico un poco mejor la pena de muerte en Japón. Y si quieren leer más sobre la secta Aum, recomiendo Política y pensamiento político en Japón 1926-2012 (Tanaka et al.: CEEA, 2015), una compilación con traducciones de entrevistas realizadas a sus miembros. Pueden comprar el libro aquí.

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Titulazo

Con una industria editorial que publica 80 mil libros por año, es obvio que las librarías japonesas van a estar repletas de, eh, mierda. Claro que en este caso no pude comprobarlo aún. Me compré este libro, sí, pero hasta que me llegue y lo lea, va a pasar un tiempo. Por el momento, les dejo la razón de mi compra y de este post, que creo va a explicar mejor mi primera oración. He aquí 『できる男はウンコがデカい』, o, como podríamos traducirlo: Los hombres capaces dejan soretes grandes (2013). Prometo rastrear nuevos títulos que promuevan el progreso académico de la escatología.

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#FrasesInsipiradoras

“Leía, leía, seguía leyendo, y cada nueva palabra lo apartaba del universo de su expectativa previa, todo se presentaba como algo muy ajeno a las fantasías de lujo y encantamiento propias de la idea de los pueblos civilizados acerca de los mundos de Oriente. Al respecto, me dijo: “Traducirlo literalmente y publicarlo tal como era, hubiese producido un escándalo social y habría resultado un fracaso comercial, del que yo no habría conseguido el menos beneficio. Por lo que decidí trabajar en dirección opuesta. Se trataba de inventar un libro que coincidiera punto por punto con un modelo preexistente: un jardín de maravillas arábigas escritas a la medida del gusto francés. Y entonces me encerré en mi habitación de paredes acolchadas y escribí mi versión de Las mil y una noches: una estafa en varios tomos, un cuento central que entreteje cuentos que se pretenden de autores milenarios y anónimos”.

ーDaniel Guebel, “Problemas del exotismo”

Hojas que caen sobre otras hojas (o ‘me planto en el lejano Japón’)

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No suelo pensar el exotismo como una negación, como un escapismo. El escribir sobre realidades lejanas fue pasión de escritores como Swift, Flaubert y Borges, todos acusados en sus tiempos de ‘anti-nacionalistas’. También Shakespeare optó por las regiones remotas en casi toda su obra (“¿Un príncipe danés? Pero mirá las boludeces sobre las que escribís, Guillermo”). Como éstos, creo que posicionarse en un contexto distinto es una decisión estética, a veces política; es el resultado de una deliberación que nos convoca a mirar, o a tener que mirar, más allá de nuestro mundo conocido, de nuestro país y de nuestra historia. “Los libros que amamos parecen escritos en una lengua extranjera”, dijo Proust. “Nada más cierto”, le respondió César Aira. Porque el mirar al otro, escribir sobre él y no ser él, nos constituye como sujetos. Ésta fue la postura que elegí al abordar el libro de Miguel Sardegna.

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